LA SEGUNDA jornada del juicio con jurado que se sigue en la Audiencia de Iruñea contra el policía nacional Valeriano de la Peña y su hijo José, acusados ambos de acabar con la vida del comerciante Angel Berrueta el 13 de marzo de 2004, estuvo protagonizada ayer por las comparecencias de 17 testigos (ocho de ellos policías protegidos) requeridas tanto por la defensa como por la acusación.
Del testimonio de la mayoría de ellos pudo deducirse que el enfrentamiento que derivó en la muerte del miembro del colectivo Gurasoak fue mucho más que una "reyerta vecinal" -tal como al principio sostuvo el fiscal- y tuvo en el fondo una motivación política más que evidente.
Varios vecinos certificaron que el comerciante y la esposa del policía, María Pilar Rubio, mantenían desde tiempo atrás serios enfrentamientos dialécticos. El mismo día en que ocurrieron los hechos y cuando la mujer bajó al comercio de Berrueta, en la calle Martín Azpilikueta para poner el escaparate el cartel con el lema: "ETA no", hay testigos que afirman que no dejó de referirse al comerciante con apelativos como: «etarra» y «asesino».
De lo escuchado ayer parece confirmarse que primero fue José, el hijo del matrimonio De la Peña-Rubio, de 18 años, quien entró en el comercio y se lanzó contra Berrueta asestándole una puñalada en el hígado con un machete. Una vecina del inmueble en que ocurrieron los hechos aseguró que se temió lo peor cuando se cruzó en el portal con el policía nacional y su esposa, los dos tremendamente excitados, y escuchó gritar al agente de paisano (que portaba en la mano una pistola): «Voy a matar a ese hijo de puta».
Durante la sesión se vivió otro momento desgarrador al visionarse en la sala un vídeo pericial, grabado por un policía, pocos minutos después de acontecer los hechos en la fatídica mañana del 13 de marzo (dos días después del tremendo atentado de Madrid y víspera de las elecciones generales). Los hijos de Berrueta, presentes en el juicio, se mostraron tremendamente afectados y tuvieron que abandonar la sala entre sollozos.
También subió la tensión ambiental en la sala cuando otro testigo evocó ante los magistrados y el jurado las últimas palabras que logró articular Berrueta, herido ya de muerte: «¡Llamar a una ambulancia!».
Contradictoria serenidad
Los testimonios de los ocho policías que ayer declararon coincidieron en destacar la serenidad que mostró en todo momento Valeriano De La Peña, tras descargar su pistola contra el comerciante. Subió al domicilio, se abrazó a su mujer y su hijo y fue él mismo quien llamó al 091 para dar cuenta de lo sucedido.
Estas declaraciones cuestionaron la versión que el día anterior ofreció De la Peña incidiendo en que se volvió loco y que no pudo controlarse al pensar que su hijo estaba herido. Incluso alegó que ya con 12 años fue víctima de ataques epilépticos. |