LOS PERITOS forenses certificaron ayer, durante la cuarta jornada del juicio que se sigue en la Audiencia de Iruñea contra los acusados de dar muerte a Ángel Berrueta, que el malogrado comerciante pamplonés de 60 años y miembro de Gurasoak, apenas tuvo tiempo de defenderse del machetazo que le asestó José, el hijo del policía Valeriano de la Peña, y de los cuatro disparos que éste efectuó a continuación «ya que la secuencia de los hechos fue muy rápida».
La tensión ambiental y las lágrimas volvieron a los ojos de los familiares del comerciante asesinado la fatídica mañana del 13 de marzo de 2004 (dos días después del 11-M y víspera de las últimas elecciones generales), cuando los forenses detallaron cómo Berrueta falleció en cuestión de minutos en el interior de la tienda como consecuencia del impacto de tres disparos, uno de ellos en la cabeza que le produjo una asfixia por aspiración masiva de sangre, así como por el estallido hepático ocasionado por la herida efectuada con el machete que, según dijeron, «fue bien metido». En definitiva remarcaron que tanto los disparos como la herida por arma blanca «fueron mortales de necesidad».
Los tres bajaron a la tienda
A tenor de lo escuchado ayer, parece confirmarse que tras el enfrentamiento dialéctico entre Berrueta y la mujer del policía por el cartel: "ETA no", fueron el policía nacional, su esposa, y el hijo de ambos, quienes bajaron juntos a la tienda de la calle Martín Azpilikueta. A partir de ése momento parece ir tomando cuerpo la versión de que primero fue José, de 19 años, quien le asestó un machetazo que le perforó el diafragma y le atravesó el hígado hasta llegar al pulmón. Posteriormente su padre efectuó cuatro disparos, de los que tres impactaron en el cuerpo de la víctima (uno en la cabeza y dos más en el tórax).
Berrueta fue dado por fallecido a las 14,40 horas y los forenses explicaron a los magistrados y al jurado popular que la muerte «fue rápida por la pérdida masiva de sangre, por lo que entendemos que la víctima no sufrió».
Los peritos del Instituto de Medicina Legal de Navarra descartaron que el comerciante hubiera recibido golpes antes de las heridas mortales. Lo que se confirma es que los disparos se efectuaron a bocajarro, con la pistola del agente de la policía «que se encontraba en perfecto estado de funcionamiento».
Nerviosos, pero orientados
En cuanto al estado anímico de los acusados, nada más cometer el crimen, una de las forenses recalcó que tanto el hijo, José, como su madre se encontraban «muy nerviosos, aunque eran conscientes de lo que habían hecho», por lo que concluyó que «se encontraban bien orientados».
Concluyó que el joven acusado de asestar el machetazo «sufre un trastorno de personalidad que llegado el caso puede afectar al control de sus impulsos». |