Una perito psiquiatra destacó ayer el «sentimiento de odio» hacia el ambiente que vivió en Pamplona el hijo del agente de la Policía Nacional quien junto a su padre asesinaron a un comerciante pamplonés el día 13 de marzo de 2004 tras asestarle una puñalada y tres disparos.
Según la especialista, el «odio pudo ser el móvil del asesinato», y al respecto dijo que dicho sentimiento «afectaba» a toda la familia, a Valeriano D. P., de 45 años, a su hijo, Miguel D. P., de 19, y a la esposa y madre de los acusados, Pilar R. M., considerada por las acusaciones particular y popular como presunta inductora del crimen.
Al finalizar la sesión de la mañana del juicio, se vivieron momentos de gran tensión, ya que la actitud de Miguel D. P. de coger a su madre en volandas y darle un beso, fue respondido por parte del público con gritos como «payasos y asesinos», tras lo cual la madre comenzó a gritar asimismo «hijos de puta».
Antes, la psiquiatra que ha atendido a Miguel D. P., en la prisión de Logroño donde su padre y él han permanecido encarcelados desde el 13 de marzo de 2004, dijo que éste presenta un trastorno de la personalidad con rasgos «inmaduros e impulsivos», tras lo que hizo especial hincapié en el ambiente de «amenazas y miedos» que le tocó vivir al joven durante su infancia y adolescencia.
Asimismo, la médico de cabecera que le atiende en el citado centro penitenciario, dijo que el joven tuvo problemas de adaptación al centro, si bien luego «se ha ido acomodando», tras lo cual expresó la conveniencia de que siga con las tratamientos farmacológicos y psiquiátricos que recibe todavía.
Después le definió como un una persona «inmadura y muy influenciable», si bien añadió que es capaz de discernir entre el bien y el mal, para concluir que Miguel D. P., «con influencias positivas, sería una persona muy diferente».
En relación a Valeriano D.P., la médico del centro penitenciario de La Rioja dijo que «nunca ha dado problemas» en la cárcel y que su comportamiento «siempre ha sido correcto». También se realizaron dos pruebas periciales, una de las cuales constató la ausencia de sustancias tóxicas en la sangre de la víctima, Ángel Berrueta, de 60 años y miembro fundador del colectivo Gurasoak en defensa de los detenidos por actos de violencia callejera.
Otra de las pruebas periciales aseguraba que no encontraron restos de pólvora en las manos del agente, lo que, a su juicio, puede responder a que Valeriano D. P. «se lavara» las manos tras disparar cuatro tiros, tres de ellos impactaron en la víctima. |